lunes, 13 de febrero de 2012

Hombres de verdad: Billy Beane

McAllister no aparece, y yo me he acostumbrado tanto a su ausencia que debería admitir de una vez por todas que soy un ser solitario, que McAllister es una entelequia y que no va a haber ningún James en mi vida, porque además, no me cabe y no tengo mucho tiempo. Pero en otro orden de cosas se ha colado Billy Beane en mis pantallas y claro, visto así, a Beane a lo mejor le doy tregua y le espero un mes más. Solo los americanos consiguen lo que se propongan aunque no se lo propongan. No sé si en Escocia son tan cabezotas.

Si le espero y tampoco se digna a aparecer, cuando lleguen los idus de marzo, días en los que se conmemora que un día llegué al mundo, desistiré para siempre y me dedicaré a la escritura de novelas porno en un convento, con las hermanas redimidas Sor Rata de Callejón y Sor Víbora por musas. 29 primaveras esperando a un tal James me parecen suficientes. Es hora de olvidarle y continuar con mi vida. A lo mejor me quedan otras 29 primaveras millonaria gracias a las novelas porno. En los conventos no se gasta más que rodilla, de fregar suelos, digo.



Y en estas que estamos cuando Billy Beane se convierte desde ayer en el culpable de que los dockers se hayan vuelto a poner de moda en mi imaginación. Beane tiene la culpa de que cuando una había olvidado a Kyle Chandler, Friday Night Lights, los discursos inspiracionales, el deporte (americano) y dado la espalda para siempre al hecho de que nunca hubiese sido una cheerleader en condiciones, va y llega Brad Pitt y le da la vuelta al tranquilo mundo de una. Llegan sus bíceps, su sonrisa y su actitud y una y muchas más volvemos a tener 20 años como cuando suspirábamos por Tristan y sus leyendas de pasión, o 21, cuando veíamos en bucle un vídeo donde se simulaba un secuestro a la ya súper estrella, y se le veían las piernas mientras le encerraban en una furgoneta.

¿Pueden tener actitud unos tobillos? Los de Brad Pitt si.




Sin tener ni idea de lo que es un General Manager desde ayer estoy obsesionada y no sé si quiero ser uno o tener uno. No sé si admiro que un hombre luche contra todos y contra su propio cerebelo, solo, sin mayor compañía que un vaso de plástico lleno de café jiñoso y un pipiolo de 25 años y 100 kilos por único amigo, o si me gustaría ser ese tipo de hombre a mí. Claro, quizás por eso James no llega. Porque yo quiero ser James. Entiendo que así es más complicado llegar a la casa de una que si una es una cheerleader en condiciones. Brad, por ejemplo, es más de Angelina, que podía haber sido cheerleader o lo que le hubiese salido del mismísimo. Brad, por ejemplo, se pone esta visera y todo va bien. Cualquier otro parecería un imbécil. Brad Pitt no.



Hay una casta de personas que se comen a los reyes, a los dioses, a los escritores que escriben los papeles que interpretan y que, en general, se lo comen todo, porque si luego lo queman en el gimnasio ese todo se revierte en tríceps de oro. El oro no se devalúa nunca y las superestrellas de Holllywood nacen con un par de quilates bajo el brazo. Brad Pitt se come sin guarnición a todos los de esa casta. No podría entender Moneyball yo con otro tipo.

Basada en una historia real, la de ese hombre, Billy Beane, que un día decidió dejar de pensar como todo el mundo y darle la vuelta a un juego injusto (¿acaso no lo son todos?) la peli tiene momentos que sí y momentos que no, pero lo que si que sería injusto sería no reconocerle su hazaña. Al menos, la de dejar de pensar como todo el mundo. Quien tira la primera piedra siempre se ve apedreado por la segunda. Pero si la tercera llega la meta, todo el mundo se gira y le mira a él. Y son las personas así a las que una echa de menos y el tipo de persona que una querría llegar a ser. Por eso Billy Beane es un hombre de verdad de los pies a la cabeza. En el caso de Brad Pitt, es un hombre de verdad por todo el cuerpo. Aderezado por un vestuario que no hace más que resaltar lo que ya se intuye como un instrumento de sufrimiento para quien se ha gastado 8 euros en comprarse un domingo de frustración. Para rematar la jugada, también hace de padrazo.





Pero, ¿por qué sólo hay uno de estos? ¿POR QUÉ?

domingo, 8 de enero de 2012

Moodboard: Azul Thatcher


































Gracias Abi Morgan, Meryl Streep y Phillipa Lloyd allá donde os encontréis. Y a Margaret Thatcher, quien me ha recordado (entre otras tantas cosas) que yo soy mi propio McAllister y que siempre ha sido así...y que me ha hecho salir del cine sin respiración.

En la butaca de al lado dos inteligentes señoritas comentaban que a la gente no le interesan las cosas de una vieja chocha, ni las paranoias que le salen de la cabeza, ni movidas así, que ellas lo que querían ver era pues, eso, los años de la Thatcher, los ochenta, esas cosas, tía. Pude haberles dicho que lo que querían ver era un documental, pero me dio pereza y me fui.

viernes, 6 de enero de 2012

Mientras espero a McAllister

No tengo ninguna prisa porque el escocés aparezca ya, entre otras cosas porque no tengo tiempo ni para lavarme el pelo, así que citas de duración normal, preámbulos y cortejos no me caben ahora mismo en el horario. Pero eso no significa que no pueda darme un lujo de vez en cuando, mientras Baltasar, Melchor y Gaspar están ya en Glasgow manufacturándome mi propio y único James McAvoy.




El último rey de Escocia
, película que me salté en el 2006, tiene una historia de la madre tierra y un médico escocés como protagonistas. África y Escocia, las dos cosas que más me interesan en el mundo ahora mismo. Qué coño estaría haciendo yo en 2006.

jueves, 5 de enero de 2012

Queridos Reyes Magos

Sois magos, la escribo tarde pero tenéis todavía un par de horas.
Os dejo unas cosillas en el balcón. Me gusta regalar bien pero no puedo leerle la mente a tres tíos que (no) veo una vez al año. Espero que os gusten.

A lo que voy.

Este año me he portado DE PUTA MADRE. Progreso adecuadamente en todas las categorías, y no lo digo yo, es que me lo dice la gente. Las asignaturas de cocina, limpieza del hogar y planchado de lo que contienen los armarios son materias que puedo prometer y prometo aprobar en junio. Osea que el cómputo general vital dice que con 2 aprobados (salud mental, vida social) 3 notables (sexo, familia, trabajo) y un sobresaliente (animales a mi cargo vivos) soy una buena chica.

Así que no creo que os cueste demasiado concederme un único deseo, que hará la espera de todos los deseos superficiales, materiales y muy frívolos que tengo para 2013 mucho más sencilla y placentera. Una dulce travesía, vaya.

Queridos Reyes Magos, yo lo que quiero es un poco de amor. No del loco, desatado y pasional, que ese es fácil. Ni del que es de mentira y los participantes lo saben. Ni del que dura para siempre, que no existe. Quiero amor del normal, del maduro, de los que tiene Gary Cooper; del difícil, del complejo, del que no se rompe aún cuando las dos personas implicadas no están juntas. Quiero un amor divino y celestial, de príncipes y castillos.

Creo que el objeto de mi amor ha de ser escocés. Tuve un sueño en Navidad con un tal McAllister en el que sonaban gaitas.


Os respeta y admira,


La Señorita Indiscreta


domingo, 18 de septiembre de 2011

Bel y Freddie

"Sea lo que sea de lo que estén hechas las almas, la suya y la mía son de lo mismo."
Emily Brontë


La gente normal va a la playa en verano, bebe mojitos en terrazas, se pone morena, ríe y es feliz. Yo me lo he pasado soñando que iba a la redacción con faldas lápiz y medias con costuras, en un Londres asediado por la extraña política de 1956 y los avatares de la conquista del Canal de Suez. Bueno o algo así, en realidad me lo he pasado deseando ser alguno de estos dos personajes de aquí abajo, son tan increóbles los dos que no sé si prefiero ser él o ella. O si me gusta él o ella. Brutales, geniales, únicos.




Sólo espero que Abi Morgan, la guionista de THE HOUR (la serie donde viven los de arriba) tenga a bien dejar de comer, dormir, salir de cañas o tomar té de aquí en adelante y dedique todos los minutos de sus días a escribir la segunda temporada YA. PORFAPLIS.





También sería maravilloso que yo pudiese alquilar un comando terrorista para raptar al equipo de vestuario y tenerlos secuestrados en mi casa para siempre. Y que Freddie (o Ben Wishaw, me da igual, este chico elige todos los papeles de su carrera para mi goce y deleite) de repente se hiciese realidad y el mundo fuese un poquito más elegante, extraño e interesante. Bel también. Me encantaría tomarme un algo con ella alguna vez.




La vida real es demasiado cruel ante cosas como esta.


sábado, 17 de septiembre de 2011

Canción y vestido otra vez: Most of the time

Llevo un par de meses enamorada de esta canción y la mayor parte del tiempo pienso que va a ser para siempre. Existen cosas y personas con las que sabes que será así, te guste a ti o no. Pero como con todo, el tiempo dirá. Somos unos títeres en el destino de los gustos aleatorios. Aunque hay quien me diga que somos nosotros quienes tomamos esas decisiones. Yo creo que no. No estaba en mis planes enamorarme de este tipo, que me cae mal.





Si me quedase algo de tiempo entre trabajar, sacar al perro, ver aquí no hay quien viva y buscar sofás Luis XVI online porque no tengo coche para ir a Ikea me pondría (y no sé por qué y además me da igual) este vestido de The Row (de la línea de las gemelas Olsen para la primavera que viene) me fumaría un porro y me pondría en un bucle interminable esta canción. Realmente es una canción pegada a este vestido, le guste a Bob o no. Mandará en el imaginario del siglo pasado pero desde luego no manda en mi imaginación. ¡Ja!


domingo, 11 de septiembre de 2011

Hombres de verdad: El hombre del traje gris

A riesgo de desvelar cosas de la película, de la novela de, en fin, Tom Rath, el personaje que nos atañe (y su creador, Sloan Wilson, un tipo interensantísimo por decir poco) invito igualmente a arriesgarse a su lectura. Aquí, la que escribe todavía está patidifusa. Claro, así me va.


Sin orden ni concierto, ahí van algunas de las frases brutales de Tom, interpretado estoicamente por Gregory Peck, el nuevo hombre de mi vida, un hombre de verdad.





Tras un broncazo de puerta y portazo y de muchas palabras por encima de las otras...a la mañana siguiente:

Tom: Siento mucho lo de anoche. Tal vez me lo merecía.
ELLA: ¿Qué nos está pasando¿ ¿Es por mí?
Tom: No nos está pasando nada. No le demos importancia a una pequeña discusión.

De ELLA (la mujer de Tom) intentaré hablar en el primer episodio de MUJERES DE VERDAD y de este párrafo diría que inmediatamente pensé que el PRIMER REQUISITO PARA SER HOMBRE DE VERDAD era pasar por una guerra. Valen guerras psicológicas. También pensé que tampoco. Puedes pasar por una guerra y seguir siendo un gilipollas. Lo que importa es lo que hagas con esa guerra. Dudas. Me lanzo a la siguiente frase total.

Tom: ¿Sabes lo que realmente me gustaría? ¿Aparte del dinero? Hacer algo para que tú te sintieras un poco orgullosa de mí.
ELLA: ---

Así sin más y a la hora de cenar.
En una digresión, mi querido personaje se lanza también al humor de ligoteo básico.

Jovencita italiana: No, ahora no es momento (o similar)...
Tom: Pero, ¿en serio?, ¿hay algún horario para el amor en Italia?

Recién llegada de la calurosa (¡¡¡???jfaafikjsf#kdkd@≠\ºkdkdfff) Roma diría que no tengo ni puta idea. Ni me interesa. Pero la frase mola.

Las siguientes frases, también de amor, están muy bien; una genial "nunca te he querido más que en este mismo instante" (sobreentendiéndose que el instante es una mierda) y una acertada "¿te importa si te digo que te adoro?" cierran el repertorio amoroso de Tom, que entre el pecho y la espalda de Gregory quedan requetebien. Yo caí en el primer round.




Estas frases nos sirven para mostrar a un hombre de verdad, queriendo de verdad. Que además es frágil y no teme decirlo, está hecho polvo por la guerra antes mencionada, no se vende ante nadie (cuando comprende que no puede hacerlo ante sí mismo), es coherente y se preocupa por las cosas que de verdad importan, tiene planta, nunca se altera y en un momento dado hasta pone los cuernos con estilo.

Lo demás hay que verlo y escucharlo y pensar que sí, que todo tiempo ficcionado fue mejor. Más hombres de verdad, pronto. Cuando los encuentre.