miércoles, 23 de marzo de 2011

5 fáciles maneras de no llegar a ser guionista nunca

1. Estudiar un máster de guión.
2. Leer.
3. Tener "El Guión" de Robert McKee en la entrada de tu casa.
4. Estar rodeado de guionistas.
5. Escribir.

Como hoy me siento generosa nombraré, por el mismo precio, las 5 FÁCILES MANERAS DE LLEGAR A SER GUIONISTA PRONTO.

1. Ser puta.
2. Ser padre.
3. Ser puteado.
4. Ser dejado.
5. Ser un hijo de la gran puta.

DOS

Ricky Gervais vuelve, esta vez por lo visto con una cosa donde el protagonista es un enano (el de Willow) que tiene una agencia de representación de enanos que además está basadísima en la propia realidad del enano anteriormente citado.



MÁS

Hoy me he encontrado a una puta sacando al perro, es lo que tiene vivir entre puticlubs, iglesias y bares de moda, que a cada hora tengo todo lo que necesita un ser humano. Se ve que la puta se equivocó de hora con la de Dios y nos cruzamos legañas mediante cuando el Sol todavía no había salido.

DOS

Más tarde, en la oficina, me llegó un críptico mensaje sobre reportajes que hablan sobre qué estudiar para vivir de inventarse cosas.

SON

Y ahora, ya casi de noche, deduzco que por mucho que yo quiera que mi vida gire en torno a vestidos, lentejuelas y colas con escamas inspiradas en el marisco de la Ría, por una sencilla fórmula, mi día ha terminado siendo un circo esperpéntico de la vida misma. Que, si no me equivoco, es una buena manera de empezar un guión.

CUATRO


Si pones guionista en google, entre otras cosas, te sale Eddie Murphy. Maravilla.

martes, 22 de marzo de 2011

Dolor de Barriga

Somos muchos los que sufrimos constantes dolores en esa zona del centro del cuerpo que en Pilates se conoce como Power House, en Madrid como la tripa, y en el resto del mundo como estómago. A mí me duele la barriga. Mucho y en general. Toda ella.

Hay famosos que también lo han pasado muy mal con este tema.

Kurt Cobain, un viejo conocido de este Diario, sin ir más lejos, sufría horrorosos dolores que sólo supo contener con la heroína. Lo que le hizo caer en un círculo vicioso de me duele la barriga-me chuto-ergo-me duele más-por lo tanto-me chuto otra vez. Y claro, luego tuvo que pegarse un tiro. Su roadie no debía de conocer el práctico omeprazol que te venden en cualquier farmacia y que has de tomarte siempre antes de salir a destrozar bares, guitarras o mobiliario urbano.


¿Tendrá ganas de hacer caquita?

Audrey Hepburn. De todos es sabido que pesaba más o menos los kilos que mi perro cuando le pongo a dieta de jamón york y también sabemos todos que era debido a una extraña enfermedad conocida como hambre. Es decir, la culpa de la anorexia y la bulimia del siglo pasado no la tienen las pasarelas, amigos, la tiene la Guerra, que es muy mala.


¿A qué huelen las nubes? ¿A qué sabe una hamburguesa?


Yo hubo una época en la que tenia la tripa de un niño somalí. Lo que unido a mis patitas a lo Calimero me daban un extraño aspecto. Pero como por aquella época tenía un novio robot al que le importaba muy poco mi apariencia humana y sí mis engranajes mentales, la verdad, ni me daba cuenta.



Era un buen chico, pero vivía la vida en forma de bits.


Lo que que hacía era, básicamente, taparme aquella rara pelota de niña ulcerosa a punto de morir y seguir, tan pancha, mal comiendo sin más. Por aquel entonces habitaba la no menos rara ciudad del Manneken Pis, que creo que tuvo la culpa de la mayor parte de esa úlcera y de esa panza. Los belgas se alimentan o de nada, como la propia Audrey sabe, o de patatas con mayonesa y mejillones. Que para el caso, se ve que Audrey fue bastante más lista que yo. Eso sí, gracias a aquellos vomitivos menús, ahora, directamente, no puedo comer nada. Fluctúo entre la dieta de hospital y la de una niña de 7 años. Muy siglo XXIII creo yo.





Como Bélgica tiene a Amberes y allí está todo el mundo muy loco con la moda deconstruida y desestructurada (una cosa de la que mi familia también sabe mucho) mi tripa pudo campar a sus anchas entre vestidos de Dries Van Noten y cosas raras que me ponía en la cabeza para desviar la atención. Freud estaría orgulloso de mí y de cómo aprovecho las deconstrucciones en general.


Debajo puedes llevar lo que te salga del mismísimo.



Este sombrero de señor de Ann Demeleumeester es ya un clásico en mi armario.

Y todo esto...por culpa del anuncio de Activia de Carmen Machi, que uno ya no sabe dónde meterse para no escucharlo. De verdad…¿Aída hablando de PEDOS? ¿En serio? Pues no sólo va en serio sino que mi nueva mejor amiga (por la de veces que la veo), la señora Carmen, a la que me encuentro cada mañana sacando a su baboso perro, que odia al mío, me lo ha comentado también. Porque el perro no nos tendrá ningún cariño, pero ella no tiene reparos en cogerlo en brazos mientras él ladra como si le estuviesen empalando en una snuff movie para así poder comentar conmigo la jugada del día. En este caso, el tema de los yogures, que bailaban en sus manos al lado del maloliente can.

Así que entre la señora que no calla, el perro sucio y de molestos ladridos y Aída tirándose cuescos en la televisión española se podrá comprender que hoy no pueda comer nada. Bueno sí, una sopa y unos donuts. Hospital General meets Bart Simpson en mi estómago.




Barrigas que cuelgan, barrigas con tetas, y barrigas de embarazadas que no saben que lo están hasta que un niño llora entre sus piernas….en próximos episodios.

lunes, 21 de marzo de 2011

Declaración de intenciones

Hace tiempo que este blog dejó de ser aquello para lo que fue concebido. O yo dejé de ser la que lo empezó. En cualquier caso, su propósito ya se ha cumplido. No sé cuál era, así que no debía de ser gran cosa. Pero ahora se me queda pequeño. La moda ya no puede ser sólo una excusa. Ni la tele, ni el cine, ni el peinado de Zooey Deschanel en Novia por contrato (la mejor coleta a un lado de la historia del celuloide).



Así que hoy, 21 de marzo de 2011, declaro que voy a escribir aquí lo que me dé la gana. Me permito a mí misma saltarme las normas de mi propia cárcel y soltar lo primero que se me ocurra en esta pantalla.

Lo que precisa de un pergamino dotado de lo que sigue. Ya que declaro, con vosotros como testigos, que:

1. No tendré miedo de escribir aquí lo que pienso y quedarme en pelotas intelectuales ante la audiencia.

2. Dejaré de verter literatura barata en redes sociales que no tienen diskette para guardar los bonitos mensajes que allí se escriben, y la pondré toda aquí. Vuestros comentarios quedarán guardados para la posteridad. Los bonitos y los que no.

3. Daré señales de vida todos los días.

4. No tendré miedo/vergüenza de volver un día hacia atrás y leer lo que he escrito. Y seré un poco más perra.

5. ...había muchos más principios que poner pero si sigo poniéndome deberes, me quedo sin literatura para mi futura novela.




Es obvio que se avecinan cambios en mi vida. Creo que los estoy afrontando con valentía. O como me esta dejando la resaca del fin de semana. Una no puede evitar necesitar antestesiarse la cabeza a chupitos de vez en cuando. Sobre todo si su cabeza funciona como una lavadora/centrifugadora/secadora sin botón de stop a la vista.

En fin, echando mano del ELLE de este mes descubrí con felicidad que María Dueñas, señora, escritora y profesora por la que siento debilidad, iniciaba colaboración con la publicación. El tema: reinventarse. María, el día que te conozca, te como a besos.

Entre unas cosas y otras, el artículo me vino al pelo para dicharachear sobre el tema con mis dos actuales mellizas, la señorita Hannf y la señorita de Granvar. Para animar la charla degustamos un café y un cruasán de jamón y queso en una céntrica plaza de la capital donde a mi perro le gusta hacer caca y los modernos pasean vaqueros tan estrechos que auguro una generación de futuros modernos bastante escasa en número.




Y mientras la capacidad de reinvención, de la que las 3 sabemos bastante, dejaba llevarse nuestra mañana dominguera, les recordé algo muy relacionado, la serie imprescindible de mi semana: The Big C.






No me hacen ni caso y no tengo con quién comentarla, pero me da igual. No será ni la primera ni la última vez, en el fondo disfruto bastante de mis gustos solitarios. Al caso; la C es la c de Cáncer y aunque la protagonista sea chica, uno, por tener pito, no se pierde nada por descubrirla, por si alguno lo duda.



Con este de aqui arriba, muchos se sentirán identificados.


El susodicho cáncer es el que permite a su sufridora descubrirse y conocerse por fin y de una vez por todas...a los cuarenta y muchos. A mí me lo permitieron (bastante años antes, ejem) un par de divorcios. Uno mío y otro no, pero viendo la serie lo del cáncer se intuye mucho más rápido y efectivo y yo creo que todo el mundo debería tener uno.





The big C: para todos aquellos que no quieran ir al psicólogo pero su entorno esté muy a favor de que lo hagan. El efecto es parecido. Laura Linney está espectacular. La capacidad de reinvención es una constante temática. Y la escena final del capítulo piloto, donde Cathy le cuenta todo lo que nadie sabe al perro de la vecina, aunque me incline hacia ella por motivos obvios propios, es GENIAL. A veces, sólo un perro puede soportar tus lágrimas.




Sobre personas inmovilistas, gente que no cambia, gente que no quiere que cambies, gente a la que le asustan los cambios y gente que no se va a reinventar en su vida...en otra entrega de la nueva saga Indiscreta.

martes, 22 de febrero de 2011

Perros y Vogue

Dos de mis cosas favoritas en el Universo entero, juntas.
Para quien no lo sepa se acerca el cumpleaños de la Señorita Indiscreta...;)

jueves, 17 de febrero de 2011

Caballos y tacones

Inspiración para un jueves cualquiera.


viernes, 11 de febrero de 2011

¡Es viernes!...cover + single

Catherine es fría, elegante, guapa sin miramientos y le gustan los abrigos de visón. Políticamente incorrecta, asquerosamente perfecta, a Catherine le encanta leer en su sofá Luis XVI. Va a empezar a rodar "Repulsión" y como no es una actriz de método (paparruchas americanas) necesita desconectar. Abre su Marie Claire, y mientras espera a David (Bailey, con el que se casará en agosto) se mete una botella de Burdeos entre pecho y espalda. Ella es así.




En enero ha salido publicado un single que a Catherine le chifla. Y aunque lo escuchará repetidamente hasta la extenuación antes de que llegue David, no se lo va a decir ni a él, ni a nadie. No sea que descubra que ella, como las demás, también tiene sentimientos.
Es febrero de 1965.
Y en París hace un frío que pela.